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Sus primeros pobladores se remontan a la prehistoria, y así lo acreditan los numerosos monumentos megalíticos que se encuentran en el territorio de la Mancomunidad. La dominación romana dejó también numerosas huellas en forma de puentes y vías de tránsito. Aquí se gestó el Reino de Aragón, una de las ramas del Camino de Santiago cruzaba desde Francia por el Puerto de Palo, que antes había sido calzada romana.
El hecho de ser una zona fronteriza ha reforzado las tradiciones culturales como los trajes típicos, la Fabla o el Palotiau, entre otras, que se mantienen vivas y conviviendo con las modernas tendencias artísticas que se muestran en el Museo de escultura y pintura contemporáneas o junto a esa joya del románico que es el Monasterio de San Pedro de Siresa. La economía de los Valles ha estado basada tradicionalmente en el aprovechamiento ganadero de las importantes extensiones de Monte Privado de Utilidad pública destinadas a pastizal, y en el aprovechamiento de la madera de dichos montes, actividad económica que proporciona numerosos puestos de trabajo a los vecinos de las poblaciones de la Mancomunidad, existiendo dos industrias de transformación primaria de la madera (una en Ansó y otra en Echo). El sector turístico también tiene gran importancia económica, habiendo superado al forestal en cuanto a contrataciones. Está basado en unos atractivos naturales poco frecuentes; en unos montes que todavía no han sido sometidos a una presión excesiva y en una arquitectura tradicional muy peculiar por la sobriedad de sus líneas y nobleza de sus materiales. |
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