a personalidad de la localidad de Jasa viene marcada por la gran plaza que preside el pueblo, con unas dimensiones inusuales en el Pirineo, donde el aprovechamiento del espacio y la búsqueda del refugio-abrigo es una constante. Los elementos más singulares de la plaza son la iglesia, el frontón y el crucero que marca el cruce de caminos Aísa-Aragüés.


Vista de Jasa. Pulse sobre la imagen para verla ampliada

Jasa se escalona sobre la ladera desde la que domina la entrada al fondo del valle, una vez superados los estrechos del Osia. Su arquitectura civil está muy determinada por el carácter ganadero del valle. Casonas de grandes dimensiones con chimeneas troncocónicas características de los valles occidentales y rematadas con espantabrujas, figuras de animales o símbolos que impiden que las brujas entren por el hueco de la chimenea.

Pulse sobre la imagen para verla ampliadaAbunda la heráldica en los dinteles y destacan los curiosos espantabrujas. En la parte alta del pueblo pida que le enseñen la casa Monín, que hace las veces de museo etnológico particular.
La armonía entre el pueblo antiguo y las nuevas construcciones es total. Dispone de rincones encantadores además de piscina, parque infantil y área de pic-nic en el antiguo abrevadero con fuego a disposición del visitante.

La iglesia parroquial data del siglo XVI y preside el pueblo desde su atalaya. Interesante retablo. El verdadero museo etnológico de Jasa está ubicado en la antigua ermita de San Pedro.

En Jasa se conserva el dance de la localidad, estrechamente relacionado con los del valle de Aísa debido a su cercanía: Mudanzas de palos, de espedos, de pañuelos, de cintas... Completan una manifestación popular antiquísima y muy variada.

FIESTAS
Mayores: Virgen de la Asunción. 15 de agosto. Pequeñas: San Sebastián. 20 de enero.

Destaca el empedrado de sus calles, característico de la zona, que cubre prácticamente todo el pueblo. En los pueblos ganaderos de montaña el empedrado es casi obligatorio para evitar el barro. La tradición popular sitúa en Jasa a la Mora del Bisaurín, a donde huyó perseguida por un señor de la zona. La mora (hada) se sentó sobre una piedra de la que comenzó a manar agua hasta que la cubrió por completo. La fuente que allí apareció se llamó de la Zamputia, hoy convenientemente habilitada junto a su entorno.

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